Yerai Cortés, una guitarra sola que cobra vida en Flamenco On Fire
El guitarrista alicantino presentó ‘Solo’ en el Auditorio Baluarte de Pamplona: un recital desnudo, con ecos familiares y una ovación en pie.
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El Festival Flamenco On Fire ha cerrado su decimotercera edición con el cartel de ‘No hay billetes’ colgado en el Auditorio Baluarte de Pamplona. El certamen ha vuelto a demostrar que el flamenco puede convertir unas fechas de poca actividad en una semana de máxima atracción cultural y turística para la ciudad.
La cita fuerte de la noche la protagonizó Yerai Cortés, uno de los artistas con mayor proyección de la nueva generación del flamenco. Con su espectáculo Solo, el músico alicantino redujo el escenario a lo esencial: una guitarra, una silla, un foco y sus dos manos, con el respaldo de sonidos sampleados, efectos electrónicos y voces en off de sus padres.
Después de ‘Coral’, quitar capas
Tras el ambicioso montaje de su anterior proyecto, Coral, ofrecido en la pasada edición del certamen, el guitarrista apostó por el camino contrario. No en vano, es un artista amigo de la ausencia de sonido: apareció solo, abrigado por el silencio, dispuesto a quitar capas y volver al origen.
El recital estuvo cargado de referencias familiares y autobiográficas. La malagueña inicial, apoyada en sutiles sonidos sampleados, estuvo dedicada a su padre andaluz, y antes de tocarla el artista dejó una confesión sentida.
“«Esta malagueña tiene el olor de mi padre y sus rasgos, su cara, sus ojos… Le debo a mi papa estar aquí porque me puso la guitarra en las manos».” — Yerai Cortés durante el concierto
Un audio en off sobrecogedor contó después la detención de su padre, con la llegada de la policía y los perros a su casa. El fragmento, de una intimidad desarmante, entronca con la historia personal que el artista ha llevado a su reciente película.
En las siguiriyas, un foco frontal convertía la escena en un interrogatorio. Desde ese clima tenso surgió la voz en off de su madre, que compartía su «refrán favorito».
“«No soy frágil como una flor, soy frágil como una bomba».” — La madre de Yerai Cortés, en off
Descomponer y reconstruir los palos
A lo largo de la velada, Cortés demostró un enorme talento para descomponer los estilos clásicos y reconstruirlos con un idioma propio. Tras un largo silencio, sonaron la taranta y la farruca; la iluminación jugaba con las sombras desde distintas direcciones mientras se sucedían sirenas, tormentas y efectos difíciles de clasificar, todo siempre a compás.
Su toque impecable enlazó picados, falsetas y alzapúas en un flujo que parecía una canción sin interrupciones. Luego llegó el clímax con una pieza por romance ejecutada a lo panaero, con ecos de Diego del Gastor: su pulsación se sostenía únicamente con el compás de sus pies y unos efectos sonoros envolventes.
También hubo hueco para las bulerías, con una melodía ligada a Pastora Pavón de la que se desprendía aquel verso: «Yo me asomé a un pino verde…». En algunos momentos, el guitarrista interrumpía los aplausos del público para continuar, como si el recital tuviera vida propia y no pudiera detenerse ante un objetivo superior.
“«Me emociona tocar para tanta gente y compartir estos momentos de cuando toco solo en mi casa».” — Yerai Cortés
El tramo final comenzó con unas Alegrías de Alicante de su propia cosecha y culminó por tangos con unos sugerentes aires morunos. La respuesta del público fue una ovación en pie que, en clave taurina, se tradujo en dos orejas y rabo.
“«Me voy corriendo a ver a mi amor a Madrid…».” — Yerai Cortés, antes de las últimas bulerías