Veintiuno cierra su etapa con un último baile que empezó en el Círculo de Bellas Artes
Veintiuno presenta en Madrid El último baile de delirio y equilibrio, un disco que cierra una etapa, amplía su anterior trabajo y vuelve al lugar donde nació la canción que lo cambió todo.
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La cuarta planta del Círculo de Bellas Artes de Madrid fue el escenario elegido por Veintiuno para dar a conocer su nuevo trabajo, El último baile de delirio y equilibrio. La cita, el pasado miércoles 2 de septiembre, convocó a Efe Eme y a un nutrido grupo de seguidores en una velada en la que la banda se mostró en un momento dulce y en la que no faltaron las sorpresas preparadas al milímetro.
El punto de partida de todo esto se remonta a abril de 2025, cuando el grupo publicó La balada de delirio y equilibrio, un disco que retomaba el hilo de uno de los temas de Gourmet, su debut. Con el pop como idioma y la emoción como bandera, aquel trabajo narraba el viaje de dos personas que orbitan en la misma frecuencia, que colisionan y se separan en una historia que permanecía abierta y que, de hecho, se sigue escribiendo.
Aquel recorrido no supuso un punto final, sino el arranque de un proceso creativo continuo y de una maduración que desemboca ahora en El último baile de delirio y equilibrio, un trabajo que amplía el material de La balada de delirio y equilibrio con composiciones nuevas y también con versiones. Su llegada está fijada para el 4 de septiembre de 2026 e incluirá una edición especial en doble vinilo, con un disco rojo y otro azul.
El proyecto funciona como cierre definitivo de una etapa y reúne doce canciones. En ellas participan Repion, Rufus T. Firefly, Puño Dragón, Grande Amore, Malmö 040, Yarea, DJ Nano y Xas, artistas cuyo estilo la banda admira y a los que ha confiado sus propias canciones para comprobar dónde colisionaban y cómo se entrelazaban con el sonido propio. El hilo temático que recorre el disco son las conexiones que aguantan incluso a través de distintas vidas, los caminos que se abren y todo aquello que pudo ser y no fue.
Una llave, una taquilla y una muestra de bocetos
La convocatoria empezó mucho antes de que sonara la primera nota. En la calle, una larga fila de público rodeaba ya parte del edificio. Ya dentro, junto a la pulsera de acceso, cada invitado recibió una misteriosa llave. El hall presentaba una puesta en escena cuidada hasta el detalle: un enorme photocall con una ilustración del grupo, una barra de refrigerios, un habitáculo acolchado ideado para grabar mensajes dirigidos a la banda y una taquilla de instituto en la que probar la llave recibida.
Varios asistentes lo intentaron sin éxito hasta que uno de ellos logró abrir la puerta. Dentro apareció un pequeño tesoro cargado de nostalgia: chocolatinas, la máscara de Spider Man, una chaqueta ajada con mucha historia a sus espaldas, fotografías, pegatinas y frases garabateadas a rotulador como las de antaño.
El mismo espacio acogía una muestra con los bocetos e ilustraciones originales del álbum El último baile de delirio y equilibrio. Cada dibujo iba acompañado de un código QR que, al escanearse, daba paso a la voz del propio Diego explicando en un audio cómo había nacido cada pieza y qué vínculo guardaba con el proceso creativo. Una inmersión sin filtros en el corazón de las historias de la formación.
Del miniescenario central a las tablas principales
Un pasillo conectaba aquel hall inmersivo con la mítica Sala de las Columnas. En el centro de la estancia esperaba un miniescenario, custodiado al fondo por otro de mayores dimensiones. Cuando se alcanzó el lleno absoluto, la banda apareció impecablemente elegante y su primera maniobra fue asaltar ese punto central: el público se arremolinó a su alrededor, se devoró la distancia y se creó un instante magnético y difícil de repetir.
Desde ahí, el cuarteto saltó al escenario principal para desplegar su armamento con actitud, ímpetu y una elegancia indudable. Un enorme marco colorido servía de lienzo escenográfico y envolvía al grupo en un empaque estético que traía ecos inevitables de formaciones clásicas de estadio como The Killers.
Sonaron desbordantes. “Troya” desató la euforia general, pero fue la primigenia “Cabeza abajo” la que de verdad arañó emociones. Diego, guitarra en mano, recordó entre risas la solera del espacio que les acogía.
“Aquí se montaban grandes fiestas; en este mismo lugar se emborrachaba Valle-Inclán” — Diego, Veintiuno
Con “Pide un deseo por mí” la sala volvió a dejarse la voz. Después llegó un punteo brillante con ecos de The War on Drugs, enlazaron “Estarás” y remataron con “La vida moderna”, despidiéndose entre abrazos como la banda de amigos que son.
El origen estaba en este mismo edificio
Ya en el epílogo, Diego se acercó a las primeras filas para sincerarse. Confesó que es un enfermo de los procesos creativos y que siempre ha buscado refugio en los mundos imaginarios de los que nacen sus canciones frente a una realidad que, a menudo, resulta demasiado afilada.
Y entonces soltó el ancla que daba sentido a toda la noche: la historia había empezado exactamente allí. Aquella canción del primer disco, el germen de estos dos últimos álbumes, se inspiró en un instante crucial vivido con una persona que sacó una foto desde ese mismo edificio. Una persona a la que Diego fotografió de vuelta. Ese cruce de objetivos fue la referencia cero. El Círculo de Bellas Artes no era solo un recinto de prestigio: era el punto de partida de su relato. Y esa noche, hombro con hombro junto a él, todos los presentes entraron a formar parte viva de ese último baile.
| Dato | Detalle |
|---|---|
| Lanzamiento | 4 de septiembre de 2026 |
| Formato | Edición especial en doble vinilo, con un disco rojo y otro azul |
| Canciones | Doce |
| Antecedente | La balada de delirio y equilibrio (abril de 2025), que retomaba el hilo de Gourmet |
| Colaboraciones | Repion, Rufus T. Firefly, Puño Dragón, Grande Amore, Malmö 040, Yarea, DJ Nano y Xas |
| Presentación | Círculo de Bellas Artes de Madrid, miércoles 2 de septiembre |