Una jueza cierra de forma definitiva la demanda que acusaba a Spotify de inflar las reproducciones de Drake
La jueza federal Josephine Staton desestima por segunda vez y sin posibilidad de volver a presentarla la demanda del rapero RBX contra Spotify, al considerar que la plataforma no tiene el deber legal de proteger a los titulares de derechos frente a los bots de terceros.
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La demanda que sostenía que Spotify toleraba una red de cuentas automatizadas para inflar las reproducciones del catálogo de Drake a costa de las regalías del resto de artistas ha quedado cerrada definitivamente. La jueza Josephine Staton, del Tribunal de Distrito de Estados Unidos para el Distrito Central de California, aceptó el 23 de octubre la petición de la plataforma de archivar el caso y esta vez prohibió al demandante volver a formular las mismas acusaciones.
Se trata de la segunda vez que Staton tumba el litigio, resuelto en una sentencia de 16 páginas. El rapero RBX, cuyo nombre legal es Eric Dwayne Collins, ya había visto cómo su denuncia inicial se desestimaba el 22 de junio; después presentó una versión revisada el 13 de julio, tal y como informó Music Business Worldwide, y esa nueva redacción tampoco ha superado el escrutinio judicial.
El modelo de reparto que sostenía la acusación
El caso se apoyaba en la mecánica con la que Spotify paga las regalías: los ingresos por suscripción y publicidad de cada mercado se agrupan mensualmente y luego se reparten en función del peso que los streams de cada pista tienen en ese territorio. A partir de ahí, Collins argumentaba que cada reproducción falsa acreditada a un catálogo reduce lo que cobran todos los demás titulares de derechos presentes en la plataforma.
Collins presentó la denuncia como una acción colectiva en nombre de los titulares de derechos estadounidenses con música en el servicio, y articuló sus reclamaciones en torno a la negligencia y a la infracción de la Ley de Competencia Desleal de California. El ejemplo central era Drake, al que la demanda describía como el artista con más reproducciones de todos los tiempos, aunque el músico nunca fue señalado como demandado. La denuncia enmendada sostenía que, a lo largo de un periodo de muestreo de 48 meses que llegaba hasta 2025, un porcentaje sustancial y no trivial de las aproximadamente 37.000 millones de reproducciones de Drake en Spotify no había sido auténtico y parecía obra de una extensa red de cuentas automatizadas. La estimación del supuesto fraude elevaba a al menos 600 millones de dólares la cifra de regalías desviadas.
En el terreno de las peticiones, el demandante reclamaba daños compensatorios y punitivos, además de una orden para que Spotify entregara los ingresos obtenidos mediante la conducta denunciada. Fuera de la horquilla de los 600 millones, la denuncia enmendada no concretaba una cantidad y dejaba la cifra a lo que se probara en juicio. También pedía al tribunal que supervisara a la compañía en la tarea de detectar y retirar reproducciones falsas con ayuda de un monitor independiente, y que le obligara a reforzar el proceso de registro con controles como los CAPTCHA y la exigencia de un número de teléfono válido o de una tarjeta de crédito.
El criterio de la jueza: Spotify no actúa como protector
El núcleo de la resolución es la conclusión de que Collins no demostró que la plataforma le debiera una obligación legal de protegerlo frente a los bots gestionados por terceros. Staton razonó que la relación entre ambas partes es, ante todo, económica y de beneficio mutuo, con un desequilibrio de poder característico del vínculo entre una empresa y un particular, y que no aparece en ella ninguna prestación de tutela por parte de Spotify hacia el demandante.
“Aunque el demandante pueda tener menos poder en la industria musical en comparación con Spotify, eso no significa que su relación con la compañía se caracterice por alguna protección que Spotify le otorgue. Las alegaciones siguen mostrando que el vínculo entre las partes es principalmente una relación económica mutuamente beneficiosa, aunque con un desequilibrio de poder típico de la relación económica entre una empresa y un individuo.” — Josephine Staton, jueza federal del Distrito Central de California
La jueza reparó además en cómo la propia demanda presentaba a Collins: como un intérprete de renombre mundial titular de derechos sobre canciones y álbumes notables y comercialmente exitosos, lo que a su juicio desmonta el retrato de un artista vulnerable. La denuncia enmendada había defendido que la cuota de reproducciones en Spotify influye en mucho más que en las regalías, porque afecta a la contratación de giras, a los acuerdos con marcas y a las colocaciones en televisión y cine, de donde se seguía que la plataforma custodiaba la trayectoria de los músicos y no solo su nómina.
Ese planteamiento no convenció al tribunal, que subrayó que el hecho de que la actividad de streaming pueda repercutir en la posición profesional de alguien no convierte a Spotify en un guardián. Tampoco prosperó la vía alternativa de que la empresa hubiera asumido voluntariamente ese deber mediante sus propias políticas antifraude, una teoría que, según la resolución, exige un daño físico que Collins no alegó en ningún momento. En cuanto a la supuesta publicidad engañosa, Staton consideró que la promesa de un terreno de juego equilibrado expresa aspiraciones y objetivos y no una afirmación de hecho verificable, mientras que la referencia a una limpieza diaria de los streams artificiales era más concreta, pero el demandante no acreditó su falsedad.
Sobre la acusación de que Spotify aplica sus reglas de forma selectiva, la jueza señaló que la existencia de umbrales de reproducciones que pueden perjudicar de forma desproporcionada a los artistas más pequeños no se esconde en ningún momento al público, y que la denuncia no identificaba ni un solo protocolo vigente que no se aplicara de manera imparcial. Lo descrito, escribió, no responde a una teoría de aplicación selectiva, sino de impacto desigual. La resolución también recuerda, apoyándose en la propia descripción de los vendedores de bots especializados en evitar la detección, que frenar esa actividad no sería sencillo para la plataforma.
La Ley de Competencia Desleal de California, añadió Staton, existe para proteger a consumidores y competidores, y Collins no alegó daño para ninguno de los dos, solo pérdidas como titular de derechos con música en el servicio. La queja por no exigir tarjeta de crédito para abrir una cuenta gratuita tampoco fue aceptada: a juicio de la jueza, esa práctica probablemente ayuda y no perjudica a quienes quieren escuchar música sin pagar. La conclusión fue que conceder al demandante otra oportunidad de reescribir su denuncia sería inútil. La sentencia no entra a valorar si el relato sobre las reproducciones de Drake era cierto: parte de que los hechos alegados lo son y aun así determina que no configuran una reclamación jurídica válida contra Spotify.
Reacción y siguientes pasos
Mark Pifko, uno de los abogados principales de Collins, declaró a Rolling Stone que el equipo jurídico está revisando la orden pero que una apelación resulta probable. La resolución concedió a Spotify cinco días para presentar una propuesta de sentencia, y cualquier recurso acabaría en el Tribunal de Apelaciones del Noveno Circuito de Estados Unidos. Music Business Worldwide ha solicitado posicionamiento a la compañía, que ya se pronunció al conocerse la denuncia inicial: entonces un portavoz aseguró que la empresa no obtiene ningún beneficio del desafío que el streaming artificial representa para toda la industria y defendió sus inversiones en sistemas para combatirlo, con medidas como la retirada de reproducciones falsas, la retención de regalías y la imposición de penalizaciones.
El trasfondo: Drake, UMG y el juego de suma cero
La denuncia enmendada se apoyaba en una idea que Drake había formulado en un escrito judicial, la de que el streaming y la licencia constituyen un juego de suma cero. La misma expresión figura en una petición presentada en noviembre de 2024 por su compañía, Frozen Moments LLC, que acusaba a Universal Music Group y a Spotify de urdir un plan para inflar artificialmente Not Like Us, entre otras vías mediante bots, y sostenía que UMG había cobrado a la plataforma unas tarifas de licencia un 30 % por debajo de lo habitual para ese tema a cambio de que lo recomendara a los usuarios. UMG calificó esas acusaciones de ofensivas y falsas, y Spotify afirmó que no tenía ningún incentivo económico para que los usuarios escucharan Not Like Us en lugar de cualquier canción de Drake. El rapero retiró después esa petición y demandó a UMG por difamación, un caso que se desestimó en octubre de 2025 y que ahora está en apelación, con el debate oral fijado para el 4 de diciembre. Al margen de todo ello, una acción colectiva distinta que acusaba al casino online Stake.us, a Drake y a otros de ocultar que el dinero de los jugadores financiaba un ejército de bots quedó suspendida en julio mientras la disputa de los denunciantes con Stake se dirime en arbitraje; la empresa ha negado las acusaciones.