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Industria del directo

Superstruct formaliza un Código Artístico para proteger la libertad creativa en sus más de 80 festivales

El segundo mayor promotor de festivales del mundo presenta en Londres un marco de cuatro principios para orientar a sus equipos y artistas. La iniciativa llega tras años de tensión por los pronunciamientos políticos sobre el escenario y por la entrada de KKR en su accionariado.

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Este artículo se ha redactado con asistencia de inteligencia artificial y ha sido revisado por la redacción antes de su publicación. Cómo usamos la IA.

Superstruct formaliza un Código Artístico para proteger la libertad creativa en sus más de 80 festivales

Superstruct Entertainment, el segundo mayor promotor de festivales del planeta, ha hecho público un Código Artístico con el que fija por escrito los principios con los que dice querer amparar la expresión y la libertad creativa en una cartera que supera los ochenta festivales repartidos por varios países.

El documento se presentó en el International Festival Forum, celebrado en Londres. De acuerdo con la versión de la propia compañía, su objetivo es poner a disposición de artistas y equipos una serie de «principios compartidos» sobre los que trabajar y servir de apoyo a cada festival a la hora de «tomar decisiones con confianza».

Cuatro ejes de actuación

  1. Ampaparar la libertad artística, en todo caso dentro de los límites que marca la ley.
  2. Habilitar espacios seguros y acogedores.
  3. Asegurar que tanto la programación como las alianzas del grupo respondan a los valores de Superstruct.
  4. Impulsar la inclusividad y la equidad.

La compañía enmarca el texto como una muestra de su respaldo sostenido en el tiempo a la libertad de creación y a la autonomía con la que, según defiende, operan sus festivales. Se trata, en su lectura, de un respaldo explícito a la independencia creativa de cada marca dentro del grupo.

“La libertad artística está en el corazón de nuestros festivales. Son lugares para que los artistas se expresen, desafíen ideas y aporten distintos puntos de vista a las audiencias. Creemos firmemente en respaldar esa libertad” — Rebecca Kane Burton, directora de operaciones (COO) de Superstruct
“El Código Artístico deja clara nuestra posición y da a los artistas y a nuestros equipos unos principios comunes, con la independencia creativa en el centro” — Rebecca Kane Burton, COO de Superstruct

El anuncio no se produce en un vacío. En los últimos años, el grupo —propietario de citas como el húngaro Sziget o el barcelonés Sónar, entre muchas otras— ha atravesado una etapa de fuerte tensión alrededor de la expresión política en sus recintos. La entrada del fondo estadounidense KKR en su accionariado, después de la compra de la compañía en 2024, provocó boicots y renuncias de artistas en varias de sus citas, que cuestionaban las inversiones del fondo.

A ese clima se han sumado los debates sobre los mensajes políticos lanzados desde los escenarios, que han colocado a los grandes promotores ante una pregunta incómoda: dónde termina la libertad de expresión del artista y dónde empiezan las responsabilidades del organizador.

Una referencia para no improvisar

En ese contexto, poner negro sobre blanco un marco de actuación tiene una lectura bastante clara: ofrecer a los equipos de cada festival un punto de referencia común con el que afrontar decisiones delicadas, que van desde la configuración del cartel hasta lo que se dice sobre el escenario, sin tener que resolver cada caso aisladamente. La propia empresa presenta el código como una herramienta para «decidir con confianza», lo que supone un reconocimiento implícito de lo resbaladizo que se ha vuelto el terreno para el negocio del directo.

El movimiento coincide, además, con la fase de concentración que vive el sector. Superstruct, con respaldo de capital riesgo, ha encadenado en los últimos años la adquisición de propiedades hasta conformar su actual cartera, una tendencia que ha reavivado el debate sobre hasta qué punto los festivales mantienen su independencia cuando pasan a formar parte de grandes grupos. Que el segundo operador mundial reivindique la «independencia creativa» de sus marcas funciona, en sí mismo, como respuesta a quienes advierten de que esa concentración pone en riesgo la diversidad y la identidad de cada cita.

Qué se juega el sector

Para la industria, la iniciativa puede marcar tendencia. Los festivales europeos encaran un momento complicado, atrapados entre la presión de los costes, los retos climáticos y una politización creciente del espacio cultural. Un marco explícito de libertad artística —siempre con la matización de que se ejerce «dentro de la ley»— intenta conciliar dos exigencias que no siempre encajan: conservar el festival como lugar de expresión y disidencia y, al mismo tiempo, ofrecer entornos seguros e inclusivos tanto para el público como para los trabajadores.

¿A qué festivales afecta el Código Artístico?

Al conjunto de la cartera de Superstruct Entertainment, integrada por más de ochenta festivales en todo el mundo, entre ellos el húngaro Sziget y el barcelonés Sónar. El texto busca funcionar como referencia común para los equipos de todas esas citas.

La eficacia real del código se medirá, como suele ocurrir, en el momento de la verdad: cuando un artista lance un mensaje polémico, cuando un patrocinador resulte incómodo o cuando una comunidad sienta que se la deja fuera. Por ahora, el gesto coloca la libertad creativa en el centro del discurso corporativo de uno de los mayores actores del directo mundial, en un ejercicio en el que la cultura de festivales —también la española, con su apuesta por la proyección internacional y el respaldo público— trata de reafirmar su papel como espacio de encuentro y de expresión.

Queda por ver si el resto de grandes promotores recoge el guante y adopta códigos de características similares.