No podemos superar a la IA, pero sí podemos dejar de tropezar
La música generada por IA crece en volumen, pero el impacto cultural sigue del lado humano. El reto no es correr más rápido, sino coordinarse mejor.
Este artículo se ha redactado con asistencia de inteligencia artificial y ha sido revisado por la redacción antes de su publicación.
Bas Grasmayer, responsable de estrategia de crecimiento en Vandall, plantea en este artículo invitado que la industria musical no debe intentar correr más rápido que la inteligencia artificial. El objetivo, según él, es dejar de estorbarse con su propia desorganización.
En julio, Deezer anunció que en junio de 2026 más del 50% de las nuevas subidas eran íntegramente generadas por IA. A lo largo de ese mes se entregaron unas 90.000 canciones sintéticas al día, frente a las 10.000 de dieciocho meses antes.
Ese aluvión no equivale a impacto cultural. Las canciones totalmente creadas por IA apenas representan entre el 1% y el 3% de las reproducciones en Deezer, y mucha de esa actividad se ha relacionado con fraude. La gente sigue valorando la autenticidad: en 2025 los ingresos físicos subieron un 8% y el vinilo un 13,7%, según la IFPI, y el gasto en música en directo no para de crecer. Una encuesta encargada por Deezer encontró que el 97% de los oyentes no distinguía entre música generada por IA y creada por humanos en una prueba a ciegas, pero el 80% pedía que estuviera claramente etiquetada.
El problema no es la creación
El proceso creativo no necesita reinventarse: mantener a la gente junta, seguir organizando writing camps y dar a los artistas el tiempo que necesiten. La dificultad está en lo que ocurre después. Una canción puede escribirse en una semana y luego pasarse seis meses atrapada en la gestión administrativa.
- Archivos repartidos entre bandejas de entrada, discos y enlaces que caducan.
- Decisiones desperdigadas en hilos de WhatsApp, correos electrónicos y notas de voz.
- Papeleo que se pospone hasta que la canción empieza a generar dinero.
Esa desorganización es un lastre en la era de la IA, porque los agentes sintéticos pueden crear, publicar y probar música nueva de forma continua. Las próximas compañías fuertes probablemente no serán grandes sellos verticales, sino pequeños equipos que coordinen redes amplias de artistas, compositores, productores y socios. Ya hay antecedentes en la música electrónica: UKF nació como dos canales de YouTube en 2009; Monstercat, en 2011; y Spinnin' Records, en 2007. Spinnin' acabó publicando entre 15 y 18 pistas semanales y superando los 26 millones de suscriptores, y Warner la compró en 2017.
De aquí a cinco años, las mejores compañías seguirán haciendo canciones de forma parecida, con encuentros, intercambios, desacuerdos y tiempo. Lo que cambiará será todo lo que rodea a la creación: los derechos se registrarán mientras se trabaja, los archivos y acuerdos estarán en un único lugar, los sistemas avisarán de lo que falta antes de que sea un problema, las listas de lanzamiento mejorarán con cada campaña y la planificación comercial formará parte del flujo. La IA puede contribuir no haciendo música, sino asumiendo tareas de coordinación, planificación y organización.
El mal escenario es que la música humana siga atrapada en sistemas fragmentados mientras la sintética es más rápida, barata y mejor organizada. El bueno es que los equipos se concentren en lo que las máquinas no pueden reproducir: confianza, relaciones, criterio e historia compartida. La conclusión es que no hace falta correr más que la IA, solo dejar de tropezar con nosotros mismos.