Saltar al contenido
Industria Musical Pro
Reseña · Nuevo álbum

Fontaines D.C. y el extraño rock de estadios de 'Dopamine Chamber'

Fontaines D.C. entregan su quinto álbum, 'Dopamine Chamber', un disco que esquiva la etiqueta de rock de estadios y coloca 'Marianne' entre lo mejor de su carrera.

6 min de lectura

Este artículo se ha redactado con asistencia de inteligencia artificial y ha sido revisado por la redacción antes de su publicación. Cómo usamos la IA.

Fuente: jenesaispop.com
Fontaines D.C. y el extraño rock de estadios de 'Dopamine Chamber'

Desde 2019, Fontaines D.C. han firmado cinco álbumes y ninguno ha flojeado. Esa combinación de volumen y acierto explica por qué se les considera el grupo más relevante —y más regular— de una década que ya ha superado su ecuador. 'Dopamine Chamber' llega a engrosar esa lista sin necesidad de ningún golpe de efecto.

En torno a este nuevo trabajo circula la idea de que los irlandeses han abrazado eso que se llama rock de estadios. El argumento tiene su lógica aparente: cada vez actúan en recintos de mayor aforo. Sin embargo, la etiqueta encaja mal. En algunos cortes sí ensanchan su sonido hasta rozar, de manera muy vaga, el espíritu de 'Music for the Masses' de Depeche Mode. En la mayoría ocurre justo lo contrario.

Nada de giros bruscos ni de artificios: lo que ha cambiado es el paso del tiempo. El post-punk de sus comienzos ha quedado atrás de forma gradual, y hoy manda su propia sensibilidad por encima del corsé de cualquier género. En un momento dado han coqueteado con el grunge, en otro han seguido los manuales de Nick Cave o de Lana del Rey, e incluso han metido un fraseo de rap. Lo que nunca se ha movido es su diagnóstico: un mensaje desolador sobre la época, envuelto en una estética retro y de aire casero. Da igual que empiecen a acumular discos de oro y platino —sobre todo en Reino Unido—: sus vídeos siguen teniendo pinta de trabajo de fin de curso de Comunicación Audiovisual.

Ese contraste les sienta bien. Paradójicamente, la modestia de medios les otorga empaque: la sensación de que saben construir una carrera desde los márgenes de la industria. Y los asuntos siguen siendo los mismos: malestar generacional, gentrificación y el desasosiego que provocan las tecnologías más recientes. En 'Dopamine Chamber' el escenario inicial es Silicon Valley, el territorio de Apple, Facebook y Google, convertido en paisaje desolado para la primera canción, 'Six Shoot Morning', cuyo ambiente remite a Kraftwerk o, buscando una conexión irlandesa, a Passengers, el proyecto electrónico experimental que U2 montó de forma fugaz en los noventa.

  • 'Six Shoot Morning': Silicon Valley como paisaje, con ecos de Kraftwerk y de Passengers
  • 'Mimesis': el corte más cercano a New Order, con la rueda como imagen del presente
  • 'Tongue': batería entre el drum&bass y el big beat, piano de James Ford y guitarras al frente
  • 'Marianne': sección de cuerda y una de las voces más afectadas de Grian Chatten
  • 'Where Is Gone': el cruce con Rosalía en territorio de Nancy & Lee
  • 'Japan': acústica sobre un cuerpo abandonado y unas «gracias sin sonreír»

El pesimismo no afloja en 'Mimesis', donde dejan caer que «Todo el mundo está deprimido, todos corremos en una rueda». El cierre lo firma 'Intimate', sin concesiones: «Dying and dying and dead / Dying and dying and dying and dead». El propio título del álbum sale de 'One Man', un tema en el que hablan de «Una cámara de dopamina para tratar de matar el dolor / No podrás escapar una vez que le hayas puesto nombre».

“Una cámara de dopamina para tratar de matar el dolor / No podrás escapar una vez que le hayas puesto nombre” — Fontaines D.C., 'One Man'

'Marianne', el pico del disco

Con todo, también hay espacio para la esperanza, o al menos para mensajes contradictorios que retratan el desconcierto de este 2026. El gran momento del álbum es 'Marianne', una de las mejores canciones de su catálogo, que a estas alturas es decir bastante. La letra es críptica y oscila entre la invitación a «seguir soñando» y la tentación de «desaparecer». Debajo, una sección de cuerda espectacular y una de las interpretaciones vocales más afectadas de Grian Chatten, que domina el susurro, la respiración pegada al micro y, sobre todo, el arte de callarse cuando toca, sin abusar de ningún recurso.

Que se ha convertido en un cantante de enorme carisma se nota también en 'One Man', donde repite cuatro veces seguidas «solo soy un hombre». Hace unos años, probablemente, no se habría atrevido. Eso no debería llevar a leer el grupo como un proyecto unipersonal. Chatten publicó un disco en solitario que no estaba mal, pero las notas de prensa de XL se detienen con generosidad en lo que aporta cada miembro, y 'Tongue' es la mejor prueba: una pequeña sinfonía en la que la batería amaga con ritmos de drum&bass o de big beat, las guitarras rugen, el piano de James Ford sirve para liberar y las cuerdas se quedan esta vez en un segundo plano.

La extraña sensación de himno de estadio se completa con la citada 'One Man', cuya segunda mitad admite una comparación con The Verve, y con el dúo junto a Rosalía.

'Where Is Gone' es el pasaje más inesperado: se interna en el terreno de Nancy & Lee y de Morricone o, por buscar un referente contemporáneo, de Cat's Eyes. Chatten y Vila están soberbios, aunque queda la frustración de que, con las ambiciones de ambos, no se hayan atrevido a deconstruir la grabación como hizo Hazlewood con 'Some Velvet Morning' hace sesenta años. El tema, además, aparece demasiado pronto en la secuencia: habría funcionado como cierre, y desde luego con más personalidad que 'Intimate'.

El disco evita la languidez por varias vías: 'Demolition' arranca con un estribillo y un post-estribillo abrumadores, y hacia el final colocan 'You Miss Me', un corte trotón. Pero donde no hay margen para la distracción es en su retrato de relaciones tóxicas dentro de un mundo tóxico. En 'Happy for You' el estribillo «si te vas, no correré detrás de ti» no resulta creíble ni por un segundo. En la acústica 'Japan', una chica abandona su cuerpo para acostarse con alguien y acaba pagando todos los platos rotos, mientras él le da las «gracias sin sonreír».

«Cinematic feeling», avisaban en 'Marianne', conscientes del universo que han construido. La pregunta es si esa escena pertenece ya a una película de Wong Kar-Wai o si todavía está por rodarse.