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Industria Musical Pro
Flamenco · Suma Flamenca de Madrid

Farruquito reivindica la raíz del flamenco y levanta a Madrid con su «Sexteto Flamenco»

El bailaor sevillano presentó «Sexteto Flamenco» en el festival madrileño, una noche de compás, entrega colectiva y memoria que terminó con el público en pie y un minuto de silencio por las víctimas de Urda.

Redacción Industria Musical Pro 4 min de lectura

Este artículo se ha redactado con asistencia de inteligencia artificial y ha sido revisado por la redacción antes de su publicación. Cómo usamos la IA.

Farruquito reivindica la raíz del flamenco y levanta a Madrid con su «Sexteto Flamenco»

La escena previa a la función ya anticipaba lo que iba a ocurrir sobre las tablas. A las puertas de la taquilla del teatro se acumulaba un grupo considerable de aficionados intentando hacerse con un último billete. Esa estampa habla por sí sola del estado de forma que atraviesa la cita flamenca madrileña, pero sobre todo de la capacidad de convocatoria de un nombre propio: Farruquito.

Juan Manuel Fernández Montoya tiene un rumbo claro y no parece dispuesto a torcerlo. Mientras buena parte de la creación escénica contemporánea busca nuevos caminos, el bailaor sevillano se mantiene en la escuela que mamó en casa, en una forma de estar en el flamenco donde mandan el compás, la espontaneidad y lo que se siente por encima de cualquier adorno. Buena parte de su talla artística nace justamente de ahí, de entender que respetar el legado y seguir avanzando no son caminos opuestos.

Un comienzo que puso al respetable en pie

Apenas hicieron falta unos compases para que quedara claro quién llevaba las riendas de la noche. El arranque por martinetes y siguiriyas bastó para que la sala se levantara de sus butacas. Farruquito no se limita a ejecutar el baile: escucha el cante, lo hace suyo y lo convierte en movimiento. Algo parecido ocurre con la guitarra, con la que dialoga hasta fundir toque y danza en un mismo discurso.

Un escenario habitado en compañía

El sevillano entiende la escena como un lugar que se comparte. Necesita el calor de los suyos y sabe devolverlo, cediendo a cada intérprete el espacio que le corresponde. En «Sexteto Flamenco» le acompañaron Manuel Valencia en la guitarra, las voces de Ismael de la Rosa «El Bola», Manuel de la Nina y Mari Vizárraga, y Paco Vega en la percusión. Ninguno actuó como simple apoyo: todos sumaron carácter y entrega para agrandar cada tramo de la actuación.

Ese reparto de protagonismo se notó especialmente en la siguiriya, la soleá, las alegrías y las bulerías, donde cante, guitarra y baile se buscaron, se respondieron y jugaron con una soltura poco habitual. El resultado fue una fiesta flamenca en la que nadie quedó en un segundo plano, sostenida por un compás sólido y una improvisación contenida.

De la hondura a la celebración

El programa recorrió palos muy distintos: desde la gravedad de la siguiriya y la solemnidad de la soleá hasta el brillo de las alegrías y los tangos, para desembocar en la despreocupación de las bulerías. Todo encajó gracias a una complicidad que solo surge cuando quienes están arriba hablan el mismo idioma flamenco.

Farruquito volvió a constatar que no requiere grandes escenografías ni efectos para conmover. Le bastan su cuerpo, sus pies, su gente y la herencia familiar que lleva dentro. Su baile tiene potencia, sello propio y, sobre todo, verdad, una verdad que no atiende a modas ni a corrientes pasajeras.

Un minuto de silencio por Urda

Antes de la entrega final, el bailaor pidió al público un minuto de silencio en recuerdo de las víctimas del accidente de Urda. El gesto, emotivo, convirtió el homenaje en uno de los momentos más sentidos de la velada.

La noche concluyó con la sala rendida y con la impresión de haber presenciado una de esas actuaciones que devuelven al aficionado a la raíz del flamenco. Mientras haya artistas capaces de transmitir con esta naturalidad lo recibido, esa sentencia tantas veces repetida de que «el flamenco se acaba» seguirá cayendo por su propio peso sobre los escenarios.

Créditos

Texto: Juan José Gil Sánchez para Flama. Fotografías: Demetria Solana.