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Industria Musical Pro
Crónica del regreso al Riyadh Air Metropolitano

El alucinante show de The Weeknd lo tiene todo, excepto corazón

The Weeknd despliega en Madrid una superproducción de dos horas con fuego, láseres y un repertorio impecable, pero la falta de emoción impide que sea un concierto redondo.

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Este artículo se ha redactado con asistencia de inteligencia artificial y ha sido revisado por la redacción antes de su publicación.

El alucinante show de The Weeknd lo tiene todo, excepto corazón

La gira After Hours Til Dawn acumula cuatro años de recorrido y llega a Madrid convertida en algo más que una simple presentación. Nació como un proyecto centrado en After Hours, pero tuvo que aplazarse por la pandemia y, con el tiempo, fue incorporando canciones de Dawn FM y, sobre todo, de Hurry Up Tomorrow. Abel Tesfaye ha dejado entrever que esta será su última gira bajo el nombre de The Weeknd, así que este regreso al Riyadh Air Metropolitano se percibe como la culminación de su trilogía, tal vez incluso de toda su carrera.

El show se abre con las llamas envolviendo la imponente estatua dorada de Hajime Soroyama, situada sobre un escenario que vuelve a dividirse en tres partes: una plataforma central llena de restos de una ciudad arrasada, una pasarela intermedia y una tarima secundaria pensada para acercarse al público. Un grupo de figurantes con túnicas rojas y máscaras doradas abre las puertas de esa ciudad, en una atmósfera que roza el fanatismo religioso. The Weeknd no hace una entrada triunfal: el público se da cuenta de que ya está ahí, con una máscara de ojos rojos iluminados. Es, probablemente, lo único no grandioso de la noche.

Durante todo el concierto, incluso cuando todavía es de día, el estadio se llena de láseres, luces, fuego y todos los elementos imaginables de una superproducción. El estribillo de São Paulo parece el punto más extremo, con una cantidad de llamas difícil de superar, pero The Hills lo hace pocos minutos después. El final, con los fuegos artificiales sumándose a Moth To A Flame, remata la pirotecnia. Sin embargo, esta vorágine visual no suele estar conectada con una narrativa; falta una idea que le dé sentido, y eso ya pasaba en la edición anterior de la gira. Aunque la pantalla muestre un agujero negro o la estatua empiece a echar humo, lo importante aquí son las canciones.

El repertorio como centro de gravedad

En lo musical, The Weeknd no decepciona. La selección de temas se vive como un repaso a todas sus etapas y sencillos, con las canciones fluyendo sin descanso durante dos horas que pasan volando. El foco está puesto en su último disco, mientras que Kiss Land se menciona casi de pasada: un fragmento de Professional aparece dentro de Save Your Tears. Personalmente, eché de menos In Your Eyes, una de sus mejores canciones, y no es que el canadiense la haya tocado en otras fechas; su lista es muy rígida, de hecho realizó cinco noches en Wembley sin cambiar ni una coma.

El sonido, por extraño que pueda parecer, acompañó de maravilla. La voz destacó desde el arranque con Baptized In Fire y Open Hearts, y se lució aún más en los pasajes calmados. Tesfaye lo da todo en Given Up On Me y Niagara Falls, y también en la batería de éxitos formada por I Feel It Coming, Die For You, Wicked Games y Call Out My Name. Lo que consigue con la voz no lo iguala con su personalidad: resulta excesivamente aséptico y se limita a hacer correctamente su trabajo, igual que haría cualquier gran estrella.

Sí hay espacio para el humor, sobre todo cuando Tesfaye emplea su don de cantar cualquier cosa de forma angelical. Y alguien de su equipo ha dado con un momento natural, divertido y viral: cuando baja a cantar Out Of Time con alguien del público. Él interpreta de forma preciosa la primera parte del estribillo y la otra persona no acierta ninguna nota. Perfecto. A pesar de ello, la sensación de que el artista vive en otro plano de la realidad permanece durante el resto del show.

Ya se sabía que no es el intérprete más carismático ni el más elocuente, y sus dotes actorales son conocidas. Por eso, cuando repite que ama a Madrid por décima vez o se esfuerza en subrayar la importancia de la primera noche, el mensaje suena más falso de lo normal. Aunque ha mejorado ciertos elementos con respecto a la versión anterior de la gira, sigue habiendo una enorme carencia de sensibilidad. Es una pena que no exista ningún peso emocional vinculado a su destructivo alter ego. Irónicamente, y en línea con sus propias letras, lo único que le falta para tener un concierto perfecto es un corazón.

“la primera noche es la más importante y tenemos que asegurarnos de que sea mejor que la segunda y la tercera” — The Weeknd