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Industria Musical Pro
Crónica · Directo en Madrid

Boris celebra tres décadas de Pink con un ritual de riffs y drone en la Sala Mon

El trío japonés llevó a la Sala Mon de Madrid la gira del 30º aniversario de su disco más emblemático, ante una sala muy llena y un público inesperadamente joven entregado al pogo y al movimiento de cabezas.

Redacción Industria Musical Pro 5 min de lectura

Este artículo se ha redactado con asistencia de inteligencia artificial y ha sido revisado por la redacción antes de su publicación. Cómo usamos la IA.

Fuente: muzikalia.com
Boris celebra tres décadas de Pink con un ritual de riffs y drone en la Sala Mon

Hay citas que no se parecen a ninguna otra, y la que Boris protagonizó el pasado viernes 23 de octubre en la Sala Mon de Madrid pertenece a ese grupo. La banda japonesa había aterrizado en la capital dentro de la gira con la que conmemora las tres décadas de Pink, el trabajo que editó en 2005 y que continúa siendo su cima creativa.

Desde su fundación, el grupo ha acumulado una discografía enorme, hasta el punto de resultar casi imposible de abarcar, pero ninguna de esas referencias ha logrado la huella de Pink. Se trata de un disco áspero, que incomoda por momentos, que se adentra en territorios abisales y que termina funcionando como una auténtica descarga catártica para quien lo escucha.

Sala llena y un público inesperadamente joven

El recinto madrileño presentó una entrada muy nutrida, y llamó la atención la juventud de buena parte de los asistentes, un detalle poco frecuente cuando se soplan treinta velas alrededor de un álbum. La expectación era alta y el respaldo del respetable, entusiasta incluso antes de que sonara la primera nota.

Takeshi, Wata y Atsuo aparecieron exultantes y, al mismo tiempo, contenidos, en esa dualidad que suele recorrer la música japonesa. La guitarra de Wata se convirtió durante toda la noche en un imán: precisa, elegante y magnética. Muchas miradas se fueron, sin embargo, hacia el bajo de dos mástiles que Takeshi sostuvo entre las manos, mientras las arengas constantes de Atsuo desde la batería actuaban como el hilo que conducía el desenfreno general.

Del riff demoledor al muro de sonido

El arranque llegó con los riffs pesadísimos de Blackout. Después, Pink desató una locura compartida y, más tarde, el trío bajó las revoluciones para instalarse en el metal drone con el rescate de The Evilone Which Sobs, pieza perteneciente al coetáneo Dronevil (2005), que se comportó como una pared de sonido licuada.

  • Blackout, con sus riffs de plomo como punto de partida
  • Pink, el momento de locura colectiva de la noche
  • The Evilone Which Sobs, el pasaje de drone más profundo
  • Dyna-soar, ya en el bis, como cierre sudoroso

A lo largo de la velada se sucedieron los pogos, algún que otro empujón en el foso y el movimiento de cabezas en trance de quienes habían decidido entregarse por completo.

Doomgaze y la sombra de Black Sabbath

El concierto dejó dos evidencias. La primera, el peso decisivo de Boris en la corriente del doomgaze que domina la actualidad. La segunda, el amor rendido del trío por Black Sabbath, una devoción que confirma hasta qué punto resulta imposible entender buena parte de las bandas y los movimientos musicales que hemos querido sin pasar por ellos.

Un bis más directo y con olor a stoner

El éxtasis y la ovación general empujaron al grupo a regresar al escenario. Lo hizo con un bis mucho más frontal, enganchado a otra de sus grandes pasiones, el stoner, que reservó para el final una sudorosa defensa de Dyna-soar, extraída de su Heavy Rocks (2002), el conocido como naranja.

Con ese gesto, Boris volvió a colocarse como una anomalía adorable dentro de un panorama global bastante mediocre.

Qué significa para España

La parada española de esta gira de aniversario tuvo lugar en la Sala Mon de Madrid el viernes 23 de octubre, según recoge la crónica del directo, que subraya tanto la entrada muy nutrida del recinto como la juventud de buena parte del público. Es decir, un grupo japonés con tres décadas de trayectoria y un repertorio excepcionalmente exigente llenó una sala madrileña con una audiencia renovada, no solo con los veteranos que siguieron el lanzamiento original de Pink.

Ese dato de público joven en Madrid es, por ahora, el único elemento concreto del material disponible sobre la recepción española del aniversario. No hay cifras de asistencia ni declaraciones de la banda o de la promotora sobre el mercado español.

Fotografía

Foto de Boris: Sergio Albert.