Aiko El Grupo: «Nos hemos permitido hablar de cosas realmente dolorosas sin añadir una capa de humor»
Teresa Iñesta, Lara Miera y Bárbara López presentan Señales Brutales, un disco donde el trío madrileño se muestra más vulnerable sin renunciar al humor ni a la rabia. Hablamos con ellas de títulos, amor romántico, costumbrismo y del panorama que les rodea.
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Teresa Iñesta, Lara Miera y Bárbara López llevan desde 2020 agitando el panorama independiente con Aiko El Grupo, un trío madrileño que ha convertido la lengua suelta, las guitarras nerviosas y el surrealismo en una marca propia. Su regreso llega ahora con Señales Brutales, un trabajo en el que, avisan, no se dejan títere con cabeza.
El recorrido del grupo arranca en Va Totalmente En Serio…, aparecido en 2020, y continúa con Me Están Apuntando Con Un Arma, de 2023, y con el EP A Tomar Por Culo, que Primavera Labels editó en 2024. A esa lista se suman sus participaciones en discos tributo a Triángulo de Amor Bizarro y a Los Punsetes, dos nombres que ayudan a situar su genealogía sonora.
Seis años y un disco del que no reniegan
Ha pasado ya un lustro y pico desde aquel primer trabajo. ¿Qué habéis aprendido en este tiempo que no supierais al principio?
Lo cuentan con retranca: jamás imaginaron que cinco años más tarde iban a firmar el mejor disco de su vida. La respuesta, medio en broma, funciona también como balance de una etapa en la que el trío ha ido ganando herramientas.
Ya se habla de «Aiko el sonido». ¿Cuándo tuvisteis la sensación de haber dado con algo que se reconoce al instante?
Sobre todo cuando empezaron a acercarse personas para decirles, con sus propias palabras, que sus canciones les habían empujado a crear: a hacer música, a pintar, a diseñar o a cualquier otra cosa. Ese tipo de mensajes, confiesan, les hace muchísima ilusión.
Sin red: hablar de lo doloroso
Señales Brutales parece llevar vuestro universo un paso más allá. ¿Qué os habéis permitido en este álbum que antes no os concedíais?
Abordar asuntos realmente dolorosos sin sentir la obligación de colocar encima una capa de humor, algo que hasta ahora les resultaba muy complicado. En el disco conviven piezas tan distintas entre sí como El Award Es Para: y Ni Todo Ni Nada, y esa convivencia es precisamente lo que buscaban.
En la presentación del álbum aparece una idea que da que pensar: que entre estrangular a alguien y abrazarlo solo hay unos veintipico centímetros de diferencia. La pregunta era obligada: ¿resume esa mezcla de violencia y ternura el universo del grupo? La respuesta descoloca un poco, porque ellas no se reconocen en la parte tierna.
¿Sentís que hay poca ternura en vuestras canciones?
Más que ternura, describen un recorrido visceral que atraviesa rabia, vulnerabilidad, tristeza y hastío, con un punto de esperanza al final. Tampoco reivindican la imprevisibilidad como objetivo: sostienen que, siendo personas complejas con sentimientos complejos, cada canción pide una energía distinta y se trata más bien de expresar cada emoción como corresponde. En canciones como Espectro, admiten, se muestran sin esa coraza, y eso les da más vértigo que una pieza completamente desquiciada, porque la rabia también funciona como defensa: mueve, empuja y da energía.
El humor es parte esencial de vuestra identidad. ¿Resulta más sencillo abordar lo serio cuando se esconde detrás de una broma?
Responden con naturalidad: claro que sí, y preguntan quién no lo hace. El sentido del humor va con ellas más allá de la banda y es una defensa que usan las tres. «Entre broma y broma…», dejan caer.
Las señales brutales del entorno
¿Qué señales brutales estáis recibiendo del entorno, de vuestra generación y también de la propia industria musical?
Hablan de un momento muy oscuro de la historia, con alertas de peligro por todas partes: recesión cultural e intelectual, auge de la extrema derecha, genocidio, cambio climático. Lo leen como síntomas de una sociedad cada vez más inconsciente y desquiciada, y reconocen que da miedo. Del sector musical señalan la misoginia y el retroceso, compensados por un hilo fino de esperanza puesto en el futuro, en ellas mismas y en su propia conciencia. Se aferran al cariño de su gente y a los artistas que siguen inspirándolas: esas son, dicen, sus señales brutales.
“Futuras malas noticias caen como meteoritos…” — Aiko El Grupo
¿Cómo nace una canción: primero la música y luego el título, o hay una frase que lo dispara todo?
Antes de responder al fondo ponen una objeción: no consideran que ninguna de sus frases sea mínimamente absurda. Aclarado eso, el método es claro: los títulos siempre aparecen después.
Oda A La Muerte De Nuestro Amor podría ser tanto una canción de ruptura como una película de terror. ¿Qué queríais matar?
La intención era asesinar la percepción que tenían del amor romántico. El resultado, según su propio resumen, fue algo parecido a matar a un cadáver.
Su pop-punk costumbrista y surrealista es capaz de partir de un detalle completamente cotidiano y llevarlo al absurdo en cuestión de segundos. La duda, entonces, es qué tiene la vida diaria para resultarles tan inspiradora.
¿Qué os atrae tanto de lo cotidiano?
Se definen como un grupo hiperrealista: las canciones son su manera de drenar y procesar las vivencias propias. La cotidianidad, razonan, la tiene que procesar todo el mundo, porque a veces se pone muy bestia, y esta es la fórmula que ellas han encontrado para hacerlo.
Seis años después de aquel debut, hay cosas que no se han movido. Siguen cantando las tres a la vez, siguen siendo muy amigas, mantienen sus valores y principios y siguen rodeadas de la misma gente. Para no perderse los próximos movimientos de este trío deslenguado, su cuenta de Instagram es el lugar donde seguirlos.